viernes, 22 de agosto de 2008

cambio climatico

Conclusiones del informe del panel intergubernamental de las Naciones Unidas

Expertos advierten sobre los efectos del cambio climático en la Argentina

Coincidieron en que no se están tomando las medidas necesarias para reducir sus efectos nocivos



¿De qué sirve conocer que en los próximos años aumentarán las tormentas y el granizo, desaparecerán los cultivos de trigo o maíz, crecerán el Chagas, el dengue y la malaria, se multiplicarán los casos de cáncer de piel en el Sur o migrarán los peces característicos de nuestras aguas si no se toman medidas para minimizar sus efectos y aumentar nuestra capacidad de adaptación al cambio climático? Esa fue la pregunta que quedó ayer en el aire de la sala del Centro de Información de la ONU para la Argentina y Uruguay, donde científicos del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) presentaron el diagnóstico de situación para nuestro país para los próximos 93 años, según consta en el informe del Grupo de Trabajo II del IPCC aprobado en Bruselas el viernes último. "Hoy, a la Argentina no se le está dando mucha importancia en el mundo desarrollado por su falta de previsión en el ordenamiento territorial. No disponemos de información [de estudios progresivos de seguimiento climático e hidrológico] y no sabemos siquiera, por ejemplo, dónde se sembrará mañana, y si queremos defender la capacidad de producción ya deberíamos estar pensando adónde trasladaremos los cultivos que afectará el aumento de la temperatura", señaló el doctor Osvaldo Canziani, copresidente del grupo de Trabajo II del IPCC que estudia los efectos, la vulnerabilidad y la adaptación del planeta al cambio climático. Y agregó: "Es un problema de planificación, y lamentablemente, como en el resto de la región, no tenemos planes a mediano ni a largo plazo para enfrentar los efectos del cambio climático. Medir lo que está ocurriendo es responsabilidad de cada país y nuestros gobiernos no lo están haciendo". Pero ¿qué es lo que el aumento de las temperaturas de hasta 1,2°C en 2020 y de hasta 4,5°C en 2080 puede provocar en la Argentina durante este siglo? La lista incluye: lluvias, tormentas y granizos intermitentes y erráticos en todo el país; tornados desde Santa Rosa, La Pampa, hacia el Norte; alteración del área del Río de la Plata y el Delta por inundaciones, cambios del nivel del mar, ingreso de agua salina al suelo y aumento de las tormentas; reducción de la producción de energía hidroeléctrica por falta de agua en la zona de Cuyo, el Noroeste y una parte de la Patagonia. "Aunque no es inmediato, porque para 2020 se prevé que primero desaparezcan los pequeños glaciares tropicales y en la Argentina no faltará el agua durante la primera mitad del siglo, a partir de 2050 debería comenzar a preocuparse", indicó la doctora Graciela Magrín, coordinadora del Capítulo 13 del IPCC sobre América latina. Infecciones Se expandirán las zonas de contagio de enfermedades infecciosas transmitidas por vectores, como la malaria, el dengue y el Chagas, además de enfermedades emergentes. En el Sur, habrá más casos de cáncer de piel y problemas respiratorios infantiles si sigue disminuyendo el ozono, que protege al planeta de los rayos solares nocivos. Por otro lado, en el Gran Chaco se agudizará la degradación del suelo, que es especialmente frágil ante el avance de la desertización y la salinización, es decir, la acumulación excesiva de las sales del agua. Esto es especialmente preocupante para las zonas de producción agrícola y ganadera, ya que afecta a los cultivos, reduce la calidad del suelo y limita los usos potenciales de las aguas subterráneas. Según Magrín, en el 50% de las tierras áridas y semiáridas de América latina aumentarán la desertización y la salinización. Pero si se toman las medidas adecuadas para aprovecharlo sin excesos los cambios del clima beneficiarían a la producción de soja, un cultivo capaz de tolerar un aumento de las temperaturas ambiente de hasta 3°C. En cambio, el futuro del trigo, el maíz y el girasol para la próxima mitad de siglo es menos promisorio, ya que bastan apenas 1 a 1,5°C más de la temperatura, lo que se espera que ocurra antes de 2020, "para que desaparezcan", coincidieron los expertos. Se prevé que para ese año "la superficie de cultivo de soja en el sudeste de América del Sur aumente 18 millones de hectáreas -precisó Magrín, del Instituto de Clima y Agua del INTA-. Esto quiere decir que podría ingresar más tierra al cultivo de soja o que muchos de los que están deforestando seguirán haciéndolo para pasar a la soja". Sin embargo, el monocultivo termina por acelerar la degradación del suelo. Según Canziani, la solución es relocalizar los cultivos y los peces en riesgo en zonas más frescas. Se estima que el corto plazo el maíz puede perder un 14% de productividad, mientras que la cebada, el trigo y la avena, un 10 por ciento. El arroz y el azúcar seguirían el mismo camino. "Para reducir estos efectos hay que hacer un estudio del suelo y un relevamiento total del ordenamiento territorial, que incluya la evaluación de los recursos naturales, el clima y los ríos. No sirve de nada realizar las mediciones desde el espacio -dijo Canziani-. Un radar o un satélite sin pie en el suelo no sirven para obtener los datos que necesita la Argentina para los próximos años." Carencias Entre las principales carencias de los países de América latina están la ausencia de estrategias de protección de los ecosistemas naturales y de evaluaciones de riesgo por falta de información y la puesta en marcha de un sistema de adaptación efectivo, según coincidieron los expertos. "La Argentina pierde decenas de becas de formación superior por falta de una política nacional de desarrollo. Investigadores trajimos al país medidores de acidez de lluvia que nunca se usaron, que es un problema crítico en los países en desarrollo -dijo Canziani, tras aclarar que esto no lo señalaba en nombre del IPCC-. Desperdiciamos la ayuda que nos brindan otros países, que siguen insistiendo porque están preocupados por la falta de información disponible." Según el geólogo Jorge Codignotto, autor del Capítulo 13 del IPCC, que estudia el efecto del calentamiento global en las costas, las predicciones indican que en 2025 el 85% de la población argentina se concentrará en las zonas costeras. "Esto no se puede detener, pero sí se pueden tomar medidas adecuadas, como no hacer ciertas obras edilicias -comentó-. En las ciudades marítimas son frecuentes las calles perpendiculares a la costa. Cuando llueve y hay sudestada, hacen que el flujo pluvial no vuelva a la arena para evitar la erosión de la costa, sino que termina en el mar." Pero no todo está perdido. La buena noticia es que somos una población con alta capacidad de adaptación, según un estudio dirigido por Canziani en cámaras termodinámicas de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires. "Nuestra alimentación y el entorno nos favorecen", finalizó. Por Fabiola Czubaj De la Redacción de LA NACION



Satélites para prevenir desastres



WASHINGTON (De nuestro corresponsal).- Los gobiernos de la Argentina, Estados Unidos y Brasil anunciaron ayer el reposicionamiento de un satélite norteamericano sobre América del Sur para anticipar, rastrear y evaluar huracanes, fenómenos meteorológicos como el Niño y las inundaciones de la mesopotamia argentina. El satélite GOES-10 proveerá una "vigilancia constante sobre las condiciones atmosféricas que generan climas severos" en América del Sur, estimó el titular de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica norteamericana, Conrad Lautenbacher. La información del GOES-10 contribuiría a reducir los efectos de los desastres naturales en la población y, en el caso de la Argentina, a mejorar las respuestas ante las inundaciones que afrontan periódicamente Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires, y las mediciones sobre el clima en la Antártida. "El satélite será invaluable para la Argentina y otros países de América latina porque permitirá predecir, seguir y estudiar tormentas y producirá un impacto enorme sobre nuestra economía, que aumentará su productividad", celebró el presidente de la Comisión Nacional de Asuntos Espaciales (Conae), Conrado Varotto, que también expuso el acuerdo en marcha con el Banco Interamericano de Desarrollo e Italia para poner en órbita sobre la Argentina seis satélites en los próximos cinco años. "Ya en estas inundaciones [por las de Santa Fe] hubo más información meteorológica disponible, que se incrementará desde mediados de este año, cuando se active el primer satélite acordado con Italia", afirmó Varotto. La reubicación del satélite, que se completó en diciembre de 2006 y comenzó a transmitir datos en las últimas semanas, es parte de un plan más ambicioso: monitorear el clima de todo el planeta las 24 horas del día, mediante el Sistema de Sistemas de Observación Global de la Tierra.
El agro pide más información

Reclaman herramientas para atenuar el impacto en el campo



Las advertencias de los científicos sobre el impacto del cambio climático en la agricultura todavía no generaron una reacción en los productores agropecuarios. Según ellos mismos, están lejos de comprender y de prepararse para esa situación, entre otras razones porque el discurso científico no ofrece herramientas para incorporar un cambio en el manejo de sus predios que amortigüe las consecuencias negativas. "Es como si les hablara de la Guerra de las Galaxias", graficó Gustavo Duarte, consultor privado y miembro de la Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (Aacrea). De todas formas, y ante las predicciones del Panel Intergubernamental dedicado al tema, señala que desde el campo difícilmente se pueda "cambiar la película", aunque admite que "deberíamos preocuparnos por averiguar o imaginar prácticas para que el sistema [productivo] sea sostenible en un esquema de monocultura de soja si, como se dice, resultaran afectados el trigo, el maíz y el girasol". Duarte opina que si uno le preguntara a la comunidad científica qué se puede hacer en el campo para mitigar el impacto del cambio climático no encontraría respuestas, por lo menos por ahora. Y argumenta que sería excesivo pedirle al productor que, además de estar al tanto de las novedades tecnológicas, de las políticas locales y del mercado internacional, analizara a largo plazo lo que sucede con el clima global. Falta de conciencia Duarte señala asimismo que hay temas próximos sobre los que no se crea conciencia, como la contaminación del ambiente por el uso de insecticidas prohibidos, por lo que estima difícil que surja inquietud por los pronósticos climáticos de largo plazo, asunto, en apariencia, lejano. Desde su punto de vista, más que desaparecer, probablemente se modifique el comportamiento de los cultivos con menor resistencia al estrés hídrico y térmico. En ese caso, confía en las respuestas que surjan de la misma comunidad científica y cita las innovaciones biotecnológicas que se preparan para dentro de diez o quince años. "La conciencia sobre el valor del medio ambiente en sí mismo -aseguró- debería surgir no sólo en quienes usan la tierra con fines productivos sino en los ciudadanos en general, en temas cercanos como el tratamiento de la basura", y agregó que mayor productividad no es sinónimo de deterioro de los recursos naturales. Por su parte, Ernesto Viglizzo, coordinador del área estratégica de Gestión Ambiental del INTA, reconoce en una franja de productores de punta que busca conocer las tendencias climáticas de mediano y largo plazo, información que filtrará hacia abajo en unos cinco años. En cuanto a la preocupación que manifiestan los científicos por la falta de coordinación de los organismos del Estado relacionados con la investigación y con posibilidad de llegar a los productores agropecuarios como destinatarios del nuevo conocimiento, Viglizzo admite que no suele ser consultado desde la Secretaría de Agricultura ni desde la Secretaría de Medio Ambiente, donde se crean políticas. Sin embargo, señaló como fortaleza, el esfuerzo gerencial del INTA para fomentar el intercambio entre su área y programas nacionales de Recursos Naturales y Ecorregiones.

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